Una exhaustiva investigación de la Universidad de Middlesex revela que el humor y el juego en las primeras etapas de la infancia activan la corteza prefrontal, disminuyen las hormonas del estrés y potencian la creatividad cognitiva en los menores.
Los esquemas tradicionales de crianza y pedagogía infantil enfrentan nuevas valoraciones desde las ciencias de la salud y la neurología. Una recopilación de estudios multidisciplinarios integrados en la obra «The Brain that Loves to Laugh», autoría de la especialista Jacqueline Harding, investigadora de la Universidad de Middlesex, demostró que inducir y compartir la risa durante la primera infancia constituye un estímulo biológico indispensable para la correcta maduración del sistema nervioso central.
De acuerdo con las evidencias científicas difundidas por la institución académica, la manifestación del humor en los infantes no representa una conducta superflua, sino un proceso cognitivo complejo que antecede al desarrollo del lenguaje hablado. Los análisis clínicos determinaron que el acto de reír activa una red distribuida en diversas regiones cerebrales, estimulando directamente la corteza prefrontal y las áreas motoras, lo que incrementa la neuroplasticidad y fomenta el pensamiento abstracto.
El informe técnico puntualiza que los episodios de alegría compartida alteran positivamente variables biológicas como la frecuencia cardíaca, mejoran los esquemas de ventilación pulmonar y elevan la producción de anticuerpos en el organismo. Asimismo, el texto refiere que este proceso reduce drásticamente los niveles de cortisol y adrenalina —hormonas ligadas al estrés crónico—, mientras propicia la liberación de neurotransmisores esenciales para el bienestar emocional, tales como la dopamina, la serotonina y las endorfinas.
En el ámbito educativo, la dirección del programa «Tomorrow’s Child» enfatizó que los entornos pedagógicos libres de tensiones y enriquecidos con dinámicas lúdicas reducen significativamente la carga cognitiva en las aulas, lo que facilita la asimilación y memoria a largo plazo de conceptos académicos complejos. Los especialistas concluyeron que la interacción basada en el contacto visual, las sonrisas y la atención conjunta no solo previene el agotamiento de los tutores, sino que funciona como una herramienta de resiliencia y recuperación para menores que han transitado por experiencias traumáticas.
Fuente: Libro «The Brain that Loves to Laugh» | © Redacción NoticiasPV Nayarit









