Superada la fase de órbita con Artemis II, la agencia espacial estadounidense acelera sus planes para el alunizaje tripulado en 2028, apoyándose en la infraestructura de SpaceX y Blue Origin.
El éxito de la misión Artemis II ha marcado el inicio de una nueva era, pero el verdadero desafío apenas comienza: tocar suelo lunar. A diferencia del programa Apolo (1969-1972), que la NASA describe hoy como simples «viajes de campamento» debido a su corta duración, el nuevo objetivo es establecer una presencia humana permanente. Para lograrlo, la agencia ha decidido recurrir al músculo financiero y tecnológico de los dos hombres más ricos del mundo: Elon Musk (SpaceX) y Jeff Bezos (Blue Origin).
Módulos gigantes para una estancia prolongada
Mientras que el módulo lunar del siglo XX solo permitía estancias de pocos días para dos astronautas, los nuevos sistemas diseñados por las empresas privadas son de dos a siete veces más grandes. La ambición es enviar a cuatro personas por varias semanas y, eventualmente, construir una base. Sin embargo, este enfoque requiere maniobras nunca antes probadas, como el reabastecimiento de combustible en pleno vuelo espacial, un paso crítico para mover naves de tal magnitud a 400,000 kilómetros de la Tierra.
La carrera contra China
La presión sobre la NASA y sus socios externos ha crecido debido a los retrasos técnicos de SpaceX y el avance constante de China, que planea poner humanos en la Luna para 2030. «Estamos a punto de perder la Luna otra vez», advirtieron exfuncionarios ante la posibilidad de que otros países tomen la delantera. Ante este panorama, la NASA planea realizar pruebas de reabastecimiento en 2027 para garantizar que el esperado viaje tripulado ocurra, sin falta, en 2028, demostrando que esta vez el regreso a la Luna es para quedarse.
Fuente: Conferencia de prensa de Lori Glaze (NASA) | © Redacción NoticiasPV Nayarit

