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De la Tierra a las estrellas: Por qué la NASA eligió el reloj Omega

El modelo Speedmaster se convirtió en el «Moonwatch» tras superar pruebas letales de temperatura y presión; hoy sigue siendo pieza clave en misiones espaciales modernas como Artemis.

En el mundo de la alta relojería y la exploración espacial, un nombre resalta por su precisión inquebrantable: el Omega Speedmaster. Este cronógrafo no llegó a la Luna por un acuerdo comercial, sino por mérito técnico. En 1965, la NASA sometió a diversos relojes a pruebas extremas de vibración, choques y temperaturas que oscilaban entre los -18 °C y los 93 °C; solo el Speedmaster sobrevivió sin fallas, obteniendo su certificación oficial para misiones tripuladas.

Su momento de gloria llegó en 1969 con el Apolo 11, convirtiéndose en el primer reloj usado en la superficie lunar. Más allá del lujo, este instrumento fue vital para la supervivencia humana en el espacio; por ejemplo, en la accidentada misión del Apolo 13, los astronautas utilizaron su Omega para cronometrar maniobras críticas que permitieron su regreso seguro a la Tierra cuando los sistemas digitales fallaron.

A más de medio siglo de distancia, la relación entre la marca y las agencias espaciales se mantiene sólida. El éxito del «Moonwatch» ha permitido a la firma posicionarse globalmente como sinónimo de innovación y resistencia. Actualmente, aunque los contratos financieros específicos se mantienen bajo reserva, el Speedmaster sigue siendo parte del equipo de los astronautas, demostrando que en el vacío del espacio, la precisión mecánica sigue siendo la herramienta más confiable.

Fuente: Documentación histórica de la NASA | © Redacción NoticiasPV

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