Expertas señalan que la participación femenina en cárteles ya no se limita a roles secundarios, pues ahora desempeñan funciones como lideresas, contadoras y sicarias.
En vísperas del Día Internacional de la Mujer, académicas de la UAM y la Universidad Iberoamericana alertaron sobre un cambio drástico en la estructura del crimen organizado en México: el rostro femenino es cada vez más visible. Lo que hace una década se limitaba a parejas sentimentales o «mulas», hoy se ha diversificado hacia roles de mando, abogacía y reclutamiento, impulsado principalmente por entornos de pobreza, violencia familiar y, en casos extremos, por el reclutamiento forzado.
Cifras que revelan una crisis
Datos del Inegi muestran que la población de mujeres en cárceles mexicanas pasó de poco más de 3 mil en 1995 a casi 14 mil en 2024. Según el Censo Nacional de Sistema Penitenciario, los delitos federales más comunes por los que son procesadas incluyen el secuestro (52.4%) y la delincuencia organizada (20.4%). Esta tendencia refleja que, aunque el mundo del hampa sigue siendo profundamente patriarcal, las mujeres están adoptando lógicas de poder masculinizadas para sobrevivir o ascender en estas estructuras.
El factor emocional y la «ceguera» por amor
Testimonios recolectados por organizaciones como Mujeres Unidas por la Libertad revelan que muchas internas terminaron tras las rejas por complicidad o coacción de sus parejas. Casos de mujeres que introducen droga en pañales de bebés durante visitas conyugales o que asumen deudas de sus esposos vendiendo estupefacientes son recurrentes. La doctora Melisa Fernández de la UAM subraya que estos «rituales de paso» para las mujeres tienen matices de género distintos, donde a menudo el afecto es utilizado como herramienta de manipulación para integrarlas al delito.
Nuevos roles en la sombra
La UNODC advierte que, si bien el grueso de las detenciones sigue siendo masculino, las mujeres ya ocupan posiciones estratégicas como «cocineras» de sintéticos, dueñas de redes de trata o administradoras de imperios financieros. Para las jóvenes en contextos de violencia crónica, el mundo criminal ofrece una falsa sensación de reconocimiento y poder, lo que las hace vulnerables al reclutamiento a edades tempranas. Este fenómeno plantea un reto urgente para las políticas públicas de prevención y reinserción social en el país.
Fuente: Investigaciones de la UAM, Ibero y datos del Inegi | © Redacción NoticiasPV Nayarit









