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El ocaso de un capo: Pedro Inzunza, el narco que pasó de escolta a vivir en el olvido

Tras quedar parapléjico en un tiroteo y ver cómo sus hijos dilapidaban su poder en Sinaloa, «El Señor de la Silla» fue entregado este martes a las autoridades estadounidenses bajo cargos de narcoterrorismo.

La entrega masiva de 37 reos a los Estados Unidos este 20 de enero marca el final del camino para Pedro Inzunza Noriega, mejor conocido como “El Señor de la Silla” o “El Sagitario”. A sus 62 años, el hombre que alguna vez fue pieza clave en el engranaje de los Beltrán Leyva, cruza la frontera no como el poderoso capo que fue, sino como un hombre marcado por la enfermedad, la tragedia familiar y el abandono de su propia estructura criminal.

Inzunza Noriega inició su carrera desde lo más bajo, sirviendo como escolta personal de Arturo Beltrán Leyva. Su lealtad quedó sellada con sangre cuando, durante un ataque para proteger a su patrón, recibió un impacto de bala en la columna que lo dejó parapléjico de por vida. Fue esta condición la que le dio su alias más famoso, al verse obligado a dirigir sus operaciones desde una silla de ruedas.

Un imperio dilapidado por sus hijos A pesar de su discapacidad, «El Señor de la Silla» se mantuvo como una figura relevante en la producción de fentanilo —llegando a ser el primer mexicano acusado formalmente de narcoterrorismo por EE. UU.—, pero su caída no vino de sus enemigos, sino de su propia sangre. Sus hijos, lejos de mantener el perfil de su padre, se dedicaron a derrochar la fortuna en fiestas suntuosas y lujos extravagantes, provocando guerras innecesarias que terminaron por desplazar a Pedro Inzunza de sus zonas de control en Los Mochis.

La tragedia familiar culminó con la muerte de su hijo, «El Pichón», abatido en un operativo de la Marina. Tras este golpe, Inzunza se refugió en el olvido en una zona serrana de Sinaloa, hasta que fue detenido el pasado 31 de diciembre en Culiacán.

Justicia en el extranjero Este martes, junto a otros operadores como «El Ricky» del Cártel del Noreste y «Delta 1» del CJNG, Inzunza fue trasladado a San Diego, California. Aunque enfrenta una posible cadena perpetua, el Departamento de Justicia de EE. UU. garantizó que no se aplicará la pena de muerte, cumpliendo con los protocolos de soberanía y cooperación binacional que hoy lo mantienen lejos de la tierra que alguna vez dominó desde su silla.

Fuente: Ríodoce / El País | © Redacción NoticiasPV

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